¿Gestión de riesgos...? ¡No gracias!
Leonardo Garnier

Leonardo Garnier
Sub/versiones – La Nación, jueves 23 de junio, 2005
Atender nuestra salud es cada vez más caro: un problema acuciante para la Caja que, además, vive un entorno en el que surgen otras amenazas, dentro de las que la “agenda estratégica” del Dr. Sáenz Pacheco destaca “la creciente oferta privada de servicios de salud” y la eventual “ruptura del monopolio de los seguros comerciales, [con] la participación de nuevas compañías de seguros que entrarían en franca competencia con la Caja ofreciendo seguros privados de salud que competirán por los fondos del mercado disponibles para financiar primas de seguros, incluidas las primas a la seguridad social” – y, todo esto – dice la agenda – “en detrimento de la participación de la Caja en ese mercado”. Ante estos problemas y amenazas, la agenda del Dr. Sáenz Pacheco ofrece un conjunto de propuestas. Algunas – ya nos referiremos a ellas – positivas y sensatas... pero otras, no lo son tanto.
Para mejorar la “competitividad” de la Caja la agenda sugiere, por ejemplo, “mejorar la gestión de riesgos”. Según el gerente médico, Marco Antonio Salazar, “esto incluye la posibilidad de incorporar el concepto de ‘riesgo’ a la hora de dar el seguro. Así, a una persona hipertensa, diabética, obesa o sedentaria – con más posibilidades de usar los servicios de salud –, se le cobraría un seguro mayor.” ¿Servirá esto para reducir costos y aumentar eficiencia? Difícilmente. Más bien, según el diagnóstico del otro doctor – Krugman, el economista – esta ‘gestión de riesgos’ es uno de los principales factores que elevan los costos de atención de la salud, la misma enfermedad que nuestro doctor Sáenz Pacheco querría curar. Y es que aunque estamos muy acostumbrados a decir y creer que a mayor competencia y mayor participación del sector privado... más eficiencia y menores costos, lo cierto es que, en cuestiones de salud, las cosas son al revés: el sector privado es a menudo burocrático y obeso mientras que los servicios públicos son más eficientes, solidarios... ¡y baratos! ¿Por qué?
En este tipo de mercado, con muchos riesgos e información escasa y mal repartida, los aseguradores privados no suelen competir ofreciendo un servicio de menor costo, sino “con base en la selección de riesgos – es decir, rechazando a la gente que tiene mayores probabilidades de tener altos gastos por atención de su salud, y rechazando o atrasando todo lo que puedan cualquier pago.” Así, según datos de la OMS, estas empresas privadas necesitan una enorme burocracia para estimar los riesgos, las tasas de las primas, diseñar los distintos paquetes de beneficios y revisar, pagar o rechazar las solicitudes de pago, al punto que los gastos administrativos se comen hasta un 15% de las primas en los seguros privados de salud, frente a sólo un 4% en los programas públicos. Y a esto hay que agregar los costos adicionales de los médicos, clínicas y hospitales, que “deben contratar personal de oficina solo para lidiar con las compañías de seguros [pues] así es como los médicos hacen dinero: es una guerra con las compañías de seguros a lo largo de todo el proceso”.
Frente a este absurdo – concluye Krugman – “los planes de seguridad pública tienen mucho menos burocracia porque no tienen que excluir a los pacientes de alto riesgo ni cobrarles primas más altas”: pueden dar un mejor servicio, a más gente y a un menor costo... y, además, terminan asumiendo también a todos aquellos pacientes – usualmente los más pobres y más propensos a requerir atención de la salud – a quienes las aseguradoras privadas rechacen y que, de otra manera, tendrán que pagar de su bolsillo o terminar en hospitales de caridad. Claro que hay que hacer reformas en la Caja; pero... recargarla con la discriminación y gestión de riesgo ¡no es una de ellas!