Leonardo Garnier

Pobre viejo. Todas las mañanas se dirigía lentamente a la Iglesia. Subía por los amargos escalones que se dibujaban ante la gran puerta siempre abierta del templo. Se persignaba de rodillas frente al altar aún lejano. Avanzaba con pasos torpes sobre la resignada alfombra, gastada hacía ya tiempo...

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Leonardo Garnier Quien haya encontrado esta botella y esté leyendo estas líneas sabrá que estoy perdido. Perdido en una isla que me salvó la vida y que ahora no suelta, no afloja, como si se sintiera dueña de esa vida salvada. ¿Qué te pasa, estás loco? ¿Qué va a pensar el que lea esto? Sí,...

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Leonardo Garnier ¡Le daban una pereza esos ratos muertos en un aeropuerto! Pero bueno, por lo menos tenía un rato en el que se podría pasear entre las tiendas duty free, comprar un Shalimar para su esposa y alguna cosa para las niñas que, ya no tan niñas, habían dejado de apreciar los jueguitos...

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Leonardo Garnier Cuando sonó el timbre tucutún sonó entre la caja en que guardaba los recuerdos y las ilusiones y los afectos y los temores y rencores, tucutún, cada vez más rápido mientras se acercó a la puerta esperanza, a la puerta futuro, a la puerta que no, no era él. ¿Por qué no? Y al...

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Cada vez que Memo quería destruir uno de sus viejos muñecos, uno de sus pequeños soldaditos de plástico, uno de sus peluches, procedía de la misma forma.

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Decidió inventar una parte de su vida y, para eso, se fue a Nueva York. Llevaba una carta de recomendación de don Anselmo, que había sido abogado de Peat Marwick y diputado. Llevaba también una corbata, un vestido, un Mont Blanc y aquella imitación de Rolex que compró en la esquina de Monumental....

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Nunca había tenido problemas para subir por la escalera, hasta que leyó el maldito cuento. ¿A quién podía ocurrírsele tal estupidez, el suelo plegándose frente a nuestros pies? Se reía consigo mismo recordando las instrucciones mientras se dirigía veloz desde el rojo destartalado del taxi hacia...

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Leonardo Garnier Ya sé que les parezco ridícula, pero no. Siempre es lo mismo: se pasan semanas organizando el paseo a Limón, a la casa de Pepe –aprovechando que ahora trabaja con JAPDEVA y tiene casa en la playa—y, cuando ya faltan pocos días para el viaje, empiezan a presionarme con el asunto....

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Ana se fue a preparar unas bocas, dejándolos frente al televisor apagado, conversando. ¿Supiste lo de Jorge? Sí hombre, pobre… a su edad. La nuestra, dirás, porque. Sí, sí, por eso digo ¿te imaginás, cuernos a estas alturas? Ni lo pensés, ni lo pensés. Ana regresó con su falda corta y unos...

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Vio su fotografía. Tan idéntica a él como puede serlo una simple foto. Quiso romperla, pero no pudo. Era idéntica a él. Entonces su mano, más instintiva que inteligente, tomó entre los dedos el viejo pilot azul, y empezó a colorear la foto. Ojos azules. Un bigote azul que se extendió hasta la...

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